Con el corazón agradecido y lleno de esperanza, los profesos de la Provincia de Nuestra Señora de Gracia de Colombia —Fr. Jonathan Flórez, O.S.A., Fr. Nelson Álvarez, O.S.A., Fr. Duván Claro, O.S.A., y Fr. Alfred Galvis, O.S.A.— comparten su experiencia de vida, formación y misión en el Profesorio Internacional de Santa Mónica, en la Ciudad Eterna. Transcurridos ya varios meses desde su llegada, su testimonio se revela como un signo vivo de la universalidad de la Orden, de la riqueza del encuentro fraterno entre culturas y de la confianza puesta en los caminos que Dios va trazando para cada uno de ellos.

Un camino guiado por la Providencia
Mirar hacia atrás y reconocer el paso de Dios en la historia personal y comunitaria es, para nuestros hermanos, motivo de profunda gratitud. Lo que inició como parte del proceso formativo hoy se revela como una experiencia transformadora:
“Hoy podemos decir con alegría que los planes del Señor son más grandes que los nuestros, y que sus proyectos son más elevados de lo que alcanzamos a vislumbrar.”
La distancia de la patria y de la Provincia no ha significado lejanía, sino apertura a nuevas perspectivas, desafíos académicos y sueños que fortalecen la vocación agustiniana.

Roma: un aula viva de historia, fe y cultura
Llegar a Roma es adentrarse en una realidad donde la historia, el arte y la fe dialogan en cada rincón. La ciudad acoge una riqueza cultural y lingüística que evidencia su carácter universal:
Más de mil iglesias que narran la historia del cristianismo, lenguas de todos los continentes resonando en sus calles, monumentos y espacios que conservan la memoria del mundo antiguo y de la Iglesia. Caminar por lugares como la Vía Sacra, el Foro Romano o contemplar obras de artistas como Bernini y Miguel Ángel, se convierte en una experiencia formativa que trasciende lo académico y toca lo espiritual.
Un encuentro inolvidable con el Santo Padre
Uno de los momentos más significativos de esta etapa formativa fue la participación en el Capítulo General de la Orden de San Agustín, celebrado poco después de su llegada a Roma.
Por gracia de Dios, nuestros hermanos fueron elegidos para servir como acólitos en la Eucaristía de apertura, presidida por el Papa León XIV —un acontecimiento que marcó profundamente sus corazones:
“Sentir tanta cercanía, humildad y familiaridad del Vicario de Cristo fue un gran ejemplo del don de ser agustinos para la Iglesia.”
El encuentro personal con el Santo Padre, quien se dirigió a ellos en español al reconocer su origen colombiano, se convirtió en un signo de comunión, fraternidad y universalidad de la Iglesia.
Además, tuvieron la oportunidad de servir en dos celebraciones eucarísticas, experimentando la alegría de compartir con uno de los grandes hermanos de la Orden.
Formación académica al servicio de la Iglesia
La experiencia en Roma no solo se centra en lo espiritual, sino también en una sólida formación intelectual. Nuestros profesos cursan estudios en instituciones de reconocido prestigio:
• Pontificia Universidad Gregoriana
• Pontificia Universidad de la Santa Croce
• Instituto Patrístico Augustinianum
En estos espacios, comparten con estudiantes de todo el mundo, enriqueciendo su formación con diversas culturas, lenguas y realidades eclesiales.

Asimismo, el contacto con destacados académicos agustinos y especialistas en teología patrística fortalece su vocación:
“Escuchar sus experiencias y conocimientos nos anima a seguir profundizando en nuestra vocación intelectual y espiritual.”
Retos y aprendizajes: el valor del idioma
Uno de los principales desafíos ha sido el aprendizaje del italiano. Aunque su cercanía con el español facilita la comprensión, la expresión sigue siendo un reto cotidiano:
“Cuando queremos formular preguntas o expresar ideas complejas, no siempre encontramos las palabras adecuadas.”
Por ello, hacen una invitación especial a los hermanos en formación:
Aprovechar el aprendizaje de una segunda lengua como herramienta esencial para la misión agustiniana en un contexto internacional.
Unidos en la distancia, fortalecidos en el carisma
A pesar de los kilómetros, el vínculo con la Provincia permanece firme. La oración, la fraternidad y el carisma agustiniano mantienen viva la comunión:
“Aunque el mar se interponga entre nosotros, nos sentimos más unidos que nunca.”

Este tiempo en Roma se convierte en semilla de esperanza para la Iglesia y la Orden, con la certeza de que dará frutos abundantes.
Una oración compartida
Nuestros hermanos concluyen su testimonio encomendándose a la oración de toda la comunidad:
“Que San Agustín, nuestro padre, nos siga enseñando a tener una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios.”

