Villamizar, M. (junio 2025). Informativo 450 años: Agustinos en Colombia 1575–2025 (Boletín No.
6).
En la actualidad, una de las provincias del departamento de Cundinamarca es la llamada Provincia de Oriente. Como su nombre lo indica, está ubicada al oriente del departamento, esto es, detrás de los cerros orientales de Bogotá, en dirección hacia los Llanos. Dicha Provincia está formada por diez municipios: Cáqueza (capital de la Provincia), Choachí, Fómeque, Ubaque, Chipaque, Une, Fosca, Gutiérrez, Quetame y Guayabetal. Mientras que los primeros siete municipios de esta lista fueron erigidos como parroquias en la época colonial, Gutiérrez, Quetame y Guayabetal son de creación reciente tanto política como eclesiásticamente, esto es, durante la época republicana. También es de anotar que dichos pueblos de data colonial eran cacicazgos o repartimientos indígenas previamente a la llegada de los conquistadores; estos pueblos incipientes, bajo la autoridad de un encomendero y asignados a un misionero que tenía como obligación principal evangelizar en la fe católica a los
indígenas, dieron origen a las doctrinas.

Los primeros evangelizadores de las doctrinas de Oriente fueron los frailes franciscanos y dominicos, quienes a mediados del siglo XVI se establecieron en Santafé y fundaron sus respectivos conventos, desde los cuales visitaban y atendían numerosas doctrinas en todos los contornos de Santafé. Por esta razón, quienes
llevaron las primeras semillas del Evangelio a las doctrinas de Oriente fueron estas dos órdenes mendicantes. Esta primera época evangelizadora correspondió al arzobispado del Ilmo. sr. Fray Juan de los Barrios, primer arzobispo de Santafé. Los frailes agustinos se establecieron en la capital del Nuevo Reino en 1575, hace 450 años, mediante la fundación del convento de San Agustín en Santafé, en el ángulo suroeste formado por
la calle Real y el río Manzanares, poco después llamado río San Agustín. Algunos factores que influyeron en los cambios ocurridos posteriormente son el número de clérigos y su idoneidad para la atención de las doctrinas, la creación de nuevas doctrinas, la llegada de nuevos frailes mendicantes a sus comunidades, las permutas
de unas doctrinas por otras y, algunas veces, la intervención de las autoridades civiles. Por estas razones, algunas doctrinas que inicialmente fueron Al Ilmo. sr. fray Juan de los Barrios le sucedió Fray Luis Zapata de Cárdenas, quien vio la necesidad de organizar y redistribuir las doctrinas entre las órdenes mendicantes y el clero
diocesano. Para tal efecto convocó a la Real Audiencia y a los priores de las órdenes mendicantes; la reunión se llevó a cabo el 4 de septiembre de 1576. Las doctrinas asignadas al clero diocesano fueron trece. Las tres órdenes mendicantes, franciscanos, dominicos y agustinos recibieron doce doctrinas cada una. Esta primera
delimitación de doctrinas y curatos, con algunas modificaciones posteriores, será la base para la configuración de las parroquias de la arquidiócesis y para la división política de los futuros municipios.
Es necesario anotar que esta división, organización y asignación de doctrinas no fue definitiva ni se cumplió rigurosamente. Algunos factores que influyeron en los cambios ocurridos posteriormente son el número de clérigos y su idoneidad para la atención de las doctrinas, la creación de nuevas doctrinas, la llegada de nuevos frailes mendicantes a sus comunidades, las permutas de unas doctrinas por otras y, algunas veces, la intervención de las autoridades civiles. Por estas razones, algunas doctrinas que inicialmente fueron encomendadas al clero diocesano o a una comunidad determinada, serán atendidas luego por religiosos o por frailes de otra Orden.
La fragilidad de aquella primera organización de las doctrinas se pone de manifiesto, también, cuando, al crecer el número de clérigos idóneos y suficientes, el sr. arzobispo Zapata de Cárdenas, el 6 de diciembre de 1583, logró una cédula real por la que se le permitía proveer las doctrinas con clero secular, prefiriéndolo a los frailes que las
tenían. Este primer intento de secularización de las doctrinas no tuvo mayor efecto puesto que, ante la reacción de los mendicantes, esta cédula fue derogada por otra cédula del 9 de marzo de 1586, que le ordenaba devolverlas a las comunidades religiosas, sin dilación alguna. Estas disposiciones no siempre se llevaron a cabo
rigurosamente. De hecho, los frailes agustinos levantan un expediente porque no les han sido devueltas todas sus doctrinas. A pesar de todas las vicisitudes por las que las comunidades religiosas tuvieron que pasar, lo cierto es que, a finales del siglo XVI, las doctrinas más importantes de la provincia de Oriente, esto es, Choachí, Ubaque,
Fómeque, Cáqueza, Chipaque y Une eran atendidas por los frailes agustinos.

“La tarea principal de los religiosos en las doctrinas era
la evangelización. Muy pronto las autoridades religiosas
y civiles se percataron de la necesidad del
conocimiento de la lengua indígena para la enseñanza
de la doctrina, razón por la cual, uno de los requisitos
exigidos a los doctrineros era el conocimiento de la
lengua, el cual se tenía que demostrar mediante un
examen”.
Otra tarea confiada a los misioneros fue la enseñanza de la lengua castellana a los indígenas, con la misma finalidad, el aprendizaje y comprensión de la doctrina cristiana. Paralelamente, asentada la base idiomática, la obra de los doctrineros era integral: reducir a los indígenas a poblado y, mientras a los indígenas mayores se les
instruía en oficios como agricultura, carpintería, construcción, cría de animales domésticos, edificación y trazo del pueblo, a los niños y jóvenes se les enseñaba a leer, escribir y cantar, entre otras cosas. Los Indígenas mayores recibían la doctrina al finalizar la jornada laboral y los domingos. Esta tarea constituía un proceso lento, largo
y difícil.
En la magna y sacrificada obra evangelizadora y cultural sobresalieron religiosos cuyos nombres no pueden permanecer en el olvido. El Padre fray Custodio de la Saca fundó el pueblo de Ubaque y misionó en muchos otros lugares, distinguiéndose por su celo en la salvación de las almas; el P. fray Gaspar de Párraga fundó a Cáqueza, redujo a poblado los indígenas y le enseñó a cultivar la tierra; el P. fray Andrés de Rufas fue
misionero en Fómeque, trabajó en reducir los indígenas a poblado y aplicarlos al trabajo de la tierra; el P. fray Manuel Contreras, misionero en Chipaque, edificó casas y templos e inspiró a los indígenas amor al trabajo; el P. fray Andrés de la Cueva, misionero en Choachí, enseñó a los indígenas la lengua castellana y el cultivo de las
tierras. En las doctrinas dependientes del convento de San Agustín de Tunja, el P. fray Fernando Cabeza de Vaca fue misionero en Sotaquirá y fundador de dicho pueblo; el P. fray Juan Ramírez, misionero en Cómbita, enseñó la cría y el cuidado de ovejas; el P. fray Ildefonso Vega, misionero en Guateque, enseñó a los indígenas el cultivo de los garbanzos y el anís. En las doctrinas del convento de San Agustín de Villa de Leyva, el P.
fray francisco de Orejuela, fundó el pueblo de Ráquira y enseñó a cultivar trigo; el P. fray Mateo Delgado, celosísimo misionero en las doctrinas de Oriente, primer prior del Convento de la Candelaria, admirable por su santidad y sabiduría. Además, todos ellos conocedores de las lenguas indígenas y padres de la Provincia de Nuestra Señora de Gracia del Nuevo Reino de Granada.
Inicialmente, esto es, en los primeros años de configuración de una doctrina, la presencia de los frailes era temporal y la permanencia en ella más o menos prolongada dependía de la cantidad de población. Esto significa que el doctrinero era conventual del convento situado en la ciudad y desde ahí se desplazaba regularmente a su
doctrina y regresaba nuevamente a su convento, en donde se dedicaba a las prácticas monásticas. No obstante, en la medida en que crecía el número de bautizados, los indígenas aceptaban la vida en poblado y la primera iglesia estaba construida, esto es, una capilla doctrinera, se edificaban conventillos en donde se establecían
permanentemente los frailes. Incluso se llegaron a erigir vicarías, o sea, un priorato mendicante formado por varias doctrinas, cuyo prior lo era también de los doctrineros respectivos. Así, por ejemplo, el vicariato de San Guillermo en Ubaque o el de Santa Ana en Fómeque. Por otra parte, en algunos casos, al doctrinero se le asignaba un coadjutor, quien además de acompañarlo, compartía con él la tarea evangelizadora y cultural.
Finalmente, una palabra sobre el camino a las doctrinas de Oriente. La ruta descrita por el P. José Pérez Gómez a comienzos del siglo XX equivale en su trazado general al camino colonial: “Saliendo de Bogotá por el camino que lleva a Usme, pasando por Fucha, Tunjuelo, la puerta de Pasca, se llega a Yomasa, donde se abren dos caminos:
uno que se dirige a la vecina parroquia de Usme y otro que va a Chipaque. Siguiendo por este último se llega al Boquerón, pequeña garganta abierta en la cima de la cordillera… el paso del Boquerón es peligroso en muchos casos, por la intensidad del frío y la violencia del viento, que entorpece y llega hasta imposibilitar la marcha tanto a pie como de a caballo. Cuando el viento, el frío y la llovizna constituyen un peligro para
el viajero, lo mejor es abrigarse bien la cabeza y las manos, afianzarse con energía, correr las espuelas por los hijares de la cabalgadura y doblar la cuchilla con la mayor velocidad posible…
“Pasando el páramo de Chipaque comienza el
descenso de la cordillera con fuerte declive. El
panorama que se presenta la descender es menos
amplio que el de la Sabana; pero bellísimo también y
variado”.
A la derecha y como a espaldas de Usme, se levanta la población de Une… dos enormes contrafuertes de la cordillera separan las hoyas hidrográficas del río Blanco y del Une; y la de éste, del Negro, al cual rinde sus aguas debajo de Cáqueza”. Un poco antes de llegar a Chipaque, a la derecha de la vía principal se desprende el camino
pendiente y accidentado que lleva Une. A dos horas de Chipaque, siguiendo el camino que desde Bogotá conduce a Villavicencio, se llega a la población de Cáqueza, recostada sobre la banda derecha del río de su nombre. De Chipaque, en dirección norte, sale el camino que conduce a Ubaque y a Choachí y, al oriente de Ubaque, limitada por el río Negro, se encuentra la población de Fómeque.
Como se verá más adelante, a excepción de las doctrinas de Cáqueza que fue permutada por la de Bojacá y Une y Fosca, en donde la presencia de los agustinos fue muy exigua en el tiempo, las demás, Choachí, Ubaque, Fómeque y Chipaque fueron atendidas por los frailes de San Agustín desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, esto es, hasta la secularización de las doctrinas. En efecto, la Real Cédula del 1 de febrero de 1753 decretó que las doctrinas administradas por los religiosos pasasen al clero secular bajo la autoridad del obispo. Esta fue una de las medidas tomadas como parte de las reformas borbónicas, pretendiendo más control y mayor
eficacia administrativa. Este hecho conocido como la secularización de las doctrinas marcó el punto final de la presencia de los frailes agustinos en las doctrinas de Oriente.

Los vestigios de casi 200 años de los agustinos en aquellas doctrinas, que fueron la base para los florecientes municipios que hoy se pueden visitar, han desaparecido casi en su totalidad. Los terremotos, como aquel de 1743, el paso del tiempo y las nuevas circunstancias han sido los motivos para que las primitivas capillas doctrineras e iglesias y los conventillos frailunos hayan cedido su paso a las actuales edificaciones. Lo mismo ha pasado con objetos de culto e imágenes. Solo quedan los libros parroquiales abiertos por nuestros religiosos, en donde registraban partidas de bautismos, matrimonios y defunciones, escritas con diferentes estilos de letra colonial, tan diferentes como las firmas que las certifican, y que constituyen el testimonio histórico de la vida entregada de aquellos que pasaron dejando evangelio y comunidad.
Provincia de Oriente, Cundinamarca.
Detrás de los cerros orientales de Bogotá, en dirección a los Llanos, se extiende la actual Provincia de Oriente, conformada por Cáqueza, Choachí, Fómeque, Ubaque, Chipaque, Une, Fosca, Gutiérrez, Quetame y Guayabetal. Lo que hoy es una región organizada en municipios fue, durante los siglos XVI y XVII, el epicentro de un complejo proceso evangelizador y sociocultural: el nacimiento de las doctrinas indígenas, base de lo que serían las parroquias coloniales y posteriormente los municipios republicanos.
El origen: cacicazgos convertidos en doctrinas
Antes de la llegada de los españoles, los pueblos de esta región eran cacicazgos o repartimientos indígenas. Con la conquista surgió el sistema de encomiendas y, junto a él, la figura de la “doctrina”: un territorio indígena asignado a un misionero responsable de su evangelización y organización comunitaria.
Los primeros evangelizadores fueron franciscanos y dominicos, quienes desde mediados del siglo XVI salían de sus conventos en Santafé para atender estas poblaciones. Esta primera época evangelizadora correspondió al arzobispado del Ilmo. sr. Fray Juan de los Barrios, primer arzobispo de Santafé.
1575: La llegada de los agustinos y el mapa doctrinero
En 1575, la fundación del Convento de San Agustín de Santafé abrió un nuevo capítulo. Los agustinos se incorporaron activamente a la evangelización y, bajo el arzobispo Fray Luis Zapata de Cárdenas, se redistribuyeron oficialmente las doctrinas entre clero secular y órdenes mendicantes.
El acuerdo del 4 de septiembre de 1576 asignó 12 doctrinas a cada comunidad: franciscanos, dominicos y agustinos; otro tanto quedó en manos del clero diocesano. Esta organización sería la base de la futura división parroquial y política de la región.
Sin embargo, la asignación fue inestable: faltaban clérigos, se creaban nuevas doctrinas y las órdenes negociaban intercambios. Incluso la Corona intervino en varias ocasiones.

El intento de secularización temprana (1583–1586)
En 1583, Fray Luis Zapata de Cárdenas obtuvo una cédula real para entregar las doctrinas al clero secular, pero la medida fue revocada en 1586 tras la fuerte reacción de las órdenes. Aun así, los registros muestran que no todas las doctrinas les fueron devueltas a los agustinos.
Pese a ello, hacia finales del siglo XVI, las doctrinas más relevantes de Oriente —Choachí, Ubaque, Fómeque, Cáqueza, Chipaque y Une— estaban en manos de los agustinos.
Evangelización, lengua y vida comunitaria
Los doctrineros debían dominar la lengua indígena, requisito obligatorio evaluado por examen. Su misión era integral:
- Enseñar doctrina cristiana.
- Reducir a los indígenas a poblado.
- Establecer escuelas de lectura, escritura y canto.
- Introducir oficios como agricultura, carpintería y ganadería.
- Trazar pueblos y construir capillas doctrineras.
Su labor era sostenida, lenta y muchas veces peligrosa.
Los misioneros que marcaron la historia
Entre los frailes que transformaron la región destacan:
- Fray Custodio de la Saca – Fundador de Ubaque.
- Fray Gaspar de Párraga – Fundador de Cáqueza y promotor de la agricultura.
- Fray Andrés de Rufas – Misionero de Fómeque.
- Fray Manuel Contreras – En Chipaque edificó templos y enseñó oficios.
- Fray Andrés de la Cueva – En Choachí impulsó el aprendizaje del castellano.
- Fray Mateo Delgado – Figura clave en las doctrinas de Oriente y primer prior del
Convento de la Candelaria.
Sus obras cimentaron los pueblos que hoy componen la provincia.
Camino colonial hacia Oriente: una ruta de peligro y belleza
El trayecto descrito a comienzos del siglo XX por el P. José Pérez Gómez conserva el trazo colonial: saliendo por Usme, subiendo al paso del Boquerón, célebre por su viento y frío extremos, y descendiendo luego hacia Chipaque, Une, Cáqueza, Ubaque y Choachí. Era una ruta tan difícil como necesaria para misioneros y viajeros.
1753: Fin de una era con la secularización borbónica
El 1 de febrero de 1753, una Real Cédula ordenó que las doctrinas pasaran definitivamente al clero secular. La medida, parte de las reformas borbónicas, puso fin a casi dos siglos de presencia agustiniana en la provincia.
Los terremotos —como el de 1743—, el deterioro del tiempo y las nuevas construcciones hicieron que casi nada quedara de capillas doctrineras, conventillos o imágenes. Solo sobreviven los libros parroquiales, manuscritos que testimonian bautizos, matrimonios y defunciones registrados por los frailes que construyeron comunidad donde antes solo había poblados dispersos.

Un legado que sostiene los municipios modernos
Aunque los edificios han desaparecido, la huella de los agustinos sigue viva en la organización social, territorial y cultural de Oriente. Sus doctrinas fueron el germen de los pueblos que hoy conforman una de las provincias más diversas y con mayor riqueza histórica de Cundinamarca.
El Congreso Latinoamericano de Historia de la Orden de San Agustín, que se celebrará en Bogotá del 25 al 27 de agosto de 2026, ofrecerá un espacio de reflexión y análisis histórico dedicado a la presencia y el desarrollo de los agustinos en Colombia. El encuentro reunirá a investigadores y especialistas para profundizar en el legado histórico, cultural y religioso de la Orden en el contexto colombiano y latinoamericano. Más información en el sitio oficial: Congreso Latinoamericano de Historia de la Orden de San Agustín – Los agustinos en Colombia: 450 años, evangelio y comunidad